“En Basgiath, la magia mata. Pero hay cosas peores que la muerte.”
Violet Sorrengail siempre supo que su destino era la División de Escribas: segura, intelectual, lejos del peligro. Pero su madre, una general implacable, la manda a Basgiath, la academia donde se forjan los jinetes de dragón. La mayoría no sobrevive el primer año. Los dragones eligen a quienes consideran dignos —o los matan. Violet llega con un cuerpo frágil, una mente brillante y un apellido que la convierte en blanco de todos. Pero cuando el dragón más poderoso del mundo la elige a ella, y un segundo dragón hace lo mismo, queda claro que hay algo diferente en Violet, algo que el reino de Navarre lleva generaciones ocultando.
Violet Sorrengail siempre fue destinada a la División de Escribas. Pero su madre, la General Sorrengail, la envía a Basgiath, la academia de jinetes de dragón donde los estudiantes mueren más que se gradúan. Los dragones no perdonan la debilidad. Los compañeros tampoco. Violet llega con un cuerpo frágil construido sobre una mente brillante y un apellido que la convierte en objetivo inmediato. Pero cuando dos dragones la eligen —algo sin precedentes en la historia de la academia— queda claro que Violet no es lo que parece. Y que el reino que juró proteger lleva décadas mintiéndoles a todos sobre la amenaza real que acecha sus fronteras.
Violet sabe la verdad sobre los venin. Sabe que Navarre miente. Y sabe que Xaden le ocultó cosas. Pero la guerra no espera a que las heridas de la confianza cierren, y los venin están cruzando la frontera con una frecuencia que los comandantes ya no pueden ignorar. En el segundo volumen de Empíreo, el romanticismo de la academia cede ante la brutalidad de la guerra real, y la lealtad de todos los personajes se mide de formas que no tienen marcha atrás.